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*América Latina avanza en lo urgente, pero enfrenta el desafío de convertir esos logros en trayectorias sostenidas de desarrollo social.
El Índice de Progreso Social (IPS) 2026 muestra un mundo de contrastes: mientras el progreso social global se desacelera y retrocede en áreas clave como Derechos y Voz, salud y seguridad, 36 países lograron avances significativos, demostrando que las políticas públicas y las capacidades institucionales siguen marcando la diferencia.
Con 15 años de datos comparables, el IPS confirma que el progreso social se construye en el tiempo y que los mayores avances se alcanzan cuando los países invierten de forma sostenida en áreas de alto efecto multiplicador —como educación básica, salud, nutrición, agua potable y acceso a la información—, generando mejoras que se expanden al conjunto del sistema social y pueden ser aprendidas y replicadas por otros países.
Por ello, el mayor valor del IPS 2026 no está en la fotografía anual, sino en su horizonte de 15 años, que permite observar trayectorias de progreso. Los datos confirman que el bienestar social no es una coincidencia estadística ni un rebote coyuntural: se construye a partir de decisiones públicas, políticas consistentes e instituciones que se sostienen en el tiempo.
A nivel global, Noruega vuelve a liderar el ranking (91.73), con cinco países nórdicos entre los seis primeros lugares. En Europa, Alemania (11º) encabeza el G7, mientras que Eslovenia (16º) y Estonia (17º) consolidan su ingreso al nivel más alto de progreso social.
En Asia, Japón (14º) y Singapur (16º) se mantienen como referentes, mientras que países tradicionalmente fuertes como Estados Unidos (32º) y Canadá (22º) permanecen en un segundo nivel.
El balance global es sobrio: 50 países redujeron su progreso social en el último año, y solo 36 lograron mejoras significativas. La lectura de largo plazo refuerza una conclusión clave: el progreso no está garantizado, incluso para las economías más desarrolladas.
Con un puntaje promedio de 69.81, América Latina se sitúa por encima del promedio mundial (63.75). Sin embargo, ese promedio regional oculta trayectorias profundamente distintas. El IPS 2026 muestra que la región no avanza como un bloque homogéneo, sino a través de caminos divergentes, marcados por ritmos, prioridades y capacidades institucionales distintas.
Ranking General IPS 2026 en América Latina:

Chile (36º, 79.50), Uruguay (37º, 79.33) y Costa Rica (39º, 78.85) encabezan la región con trayectorias de alto desempeño sostenido. Durante más de una década, estos países han logrado combinar mejoras en necesidades básicas con avances relativamente estables en bienestar y oportunidades.
A este grupo se suman Argentina, Brasil, Panamá y Colombia, que también superan con holgura los promedios regional y mundial.
Uno de los hallazgos más relevantes del análisis de 15 años es identificar quiénes avanzaron más y por qué. Desde 2011, Paraguay (+5.9 puntos), Bolivia (+5.6) y Honduras (+5.5) registran los mayores incrementos acumulados del puntaje total en la región.
Estos avances reflejan mejoras sostenidas en educación básica, conectividad y acceso a servicios esenciales, demostrando que el progreso social puede acelerarse cuando existe continuidad en las decisiones públicas.
Celebrar estos logros es necesario, pero hacerlo con responsabilidad es imprescindible. Los datos muestran que resolver lo urgente no garantiza, por sí solo, un progreso sostenible.
El grupo más rezagado continúa concentrándose por debajo del promedio mundial. Bolivia (63.24) se sitúa apenas bajo el umbral global, mientras que El Salvador, Honduras, Guatemala, Nicaragua y Venezuela enfrentan déficits estructurales más profundos.
En particular, Venezuela registra un retroceso acumulado cercano a 5 puntos desde 2011, ilustrando cómo el deterioro institucional impacta directamente en el bienestar de la población.
El análisis longitudinal del IPS confirma un patrón recurrente en América Latina: avances significativos en necesidades humanas básicas conviven con estancamientos persistentes en dimensiones estratégicas como Derechos y Voz y Educación Avanzada.
Este contraste plantea un desafío central para la región. Los países que priorizan exclusivamente la resolución de urgencias sociales, sin fortalecer simultáneamente sus instituciones, libertades y capital humano, tienden a enfrentar límites claros en su capacidad de sostener el progreso.
“Quince años de datos nos permiten ver con claridad que el progreso social se construye a partir de decisiones concretas y sostenidas en el tiempo. Los resultados del Índice de Progreso Social 2026 muestran que, cuando existe visión, políticas consistentes y compromiso institucional, es posible lograr avances significativos en bienestar y calidad de vida. Estas trayectorias de progreso ofrecen aprendizajes valiosos y replicables para acelerar el desarrollo centrado en las personas”, señala Jaime García, Director de Impacto y Sostenibilidad de INCAE Business School y Director para América Latina del Índice de Progreso Social.
Dentro de este panorama, la Educación Avanzada emerge como el principal cuello de botella para el desarrollo futuro de América Latina. En 2026, la región obtiene en este componente su puntaje promedio más bajo: 43.22 sobre 100.
La evidencia es clara: los países que han logrado trayectorias más sólidas de progreso social son aquellos que han invertido de manera sostenida en talento, capacidades y generación de conocimiento.
“Los datos del Índice de Progreso Social 2026 muestran que la educación es una de las palancas más decisivas para sostener el progreso social en el largo plazo. Los países que han logrado avanzar de manera consistente son aquellos que han invertido de forma consciente en talento, capacidades y conocimiento. Para América Latina, fortalecer su capital humano es la mejor estrategia para traducir la transformación digital en mayor bienestar y oportunidades para las personas,” comentó Camelia Ilie Cardoza, rectora de INCAE Business School.
El IPS 2026 no es únicamente un ranking comparativo. Es una herramienta de aprendizaje colectivo basada en evidencia. Las trayectorias de países que lograron avanzar más rápido, así como las de aquellos que han sostenido altos niveles de bienestar, ofrecen lecciones concretas y replicables para el resto de la región.
La pregunta que dejan estos 15 años de datos es tan simple como exigente:
¿Qué pueden aprender los países entre sí para acelerar el progreso social sin dejar a nadie atrás? Responderla transforma la medición en liderazgo y los datos en acción.
Para consultar los resultados completos del Índice de Progreso Social 2026, visite: www.socialprogress.org