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¿Puede el arraigo emocional retener a los herederos del café? Claves para salvar el agro en Centroamérica

En las montañas de Huehetenango, Guatemala, Don Renato —caficultor de 73 años— camina cada mañana entre sus arbustos de Caturra como si saludara a viejos amigos. No habla de cultivos, habla de “su café”, con la mayor pasión posible. Cuando le preguntan si ya sabe quién heredará la finca, responde: “Mis dos hijos mayores migraron […]
11 de abril de 2025
Juan Pablo López
¿Puede el arraigo emocional retener a los herederos del café? Claves para salvar el agro en Centroamérica

En las montañas de Huehetenango, Guatemala, Don Renato —caficultor de 73 años— camina cada mañana entre sus arbustos de Caturra como si saludara a viejos amigos. No habla de cultivos, habla de “su café”, con la mayor pasión posible. Cuando le preguntan si ya sabe quién heredará la finca, responde: “Mis dos hijos mayores migraron al norte y mi hija está considerando si quiere continuar la tradición. No quiero obligarla, pero aquí hay vida, y buena vida”.

Don Renato no lo sabe, pero su historia resume una de las tensiones más críticas del agro latinoamericano: la integración generacional en el campo.

La sucesión agrícola: un dilema rural con ecos globales

El fenómeno del abandono de fincas y la baja sucesión agrícola no es nuevo, ni es un problema que afecta solo la región, es una preocupación global. En el caso de Colombia, solo el 23% de la población vive en áreas rurales, y de esa minoría, apenas el 24.5% son jóvenes​. Este patrón se replica en países vecinos como Guatemala y Honduras, donde la migración rural-urbana y la internacional han vaciado los terrenos de nuevas generaciones.

Un estudio reciente realizado en Colombia (Bavorová et al, 2024)1 identificó cinco factores clave que determinan si una finca cafetalera tiene o no un sucesor: ingresos estables del café, tenencia segura de la tierra, participación en asociaciones agrícolas, disponibilidad de mano de obra familiar y —curiosamente— la motivación de los padres para entusiasmar a sus hijos con el campo​.

El precio del café está alto. ¿Eso será suficiente?

Según el Indicador Compuesto de la Organización Internacional del Café (OIC), en febrero de 2025, el precio del café arábica alcanzó un récord histórico de $4.30 por libra, duplicando su valor en comparación con el año anterior. Este nivel de precios no se veía desde 1977, cuando el café arábico también alcanzó máximos históricos. Pero ¿es suficiente para que los herederos regresen al campo? Puede ser que no del todo.

El estudio en Colombia reveló que, aunque el ingreso es un factor motivador, no sustituye la falta de seguridad en la tenencia de tierras, ni el aislamiento geográfico, ni las expectativas o roles tradicionales que pesan sobre las mujeres que desean quedarse en la finca. La herencia agrícola sigue marcada por reglas no escritas: el varón mayor es quien hereda, y muchas veces ni siquiera se formaliza legalmente la sucesión. Además, hay que agregar que históricamente el precio del café ha sido muy volátil por lo que el tema del ingreso no es seguro aún. Sin embargo, hay un creciente consenso de que, aunque las presiones a corto plazo pueden eventualmente disminuir, es probable que los precios del café se mantengan por encima de los promedios históricos a largo plazo. El cambio climático, leyes más estrictas sobre deforestación y el aumento de los costos de producción seguirán presionando los precios al alza.

De la finca al norte: la ruta migratoria como escape y esperanza

En paralelo, la política migratoria estadounidense endurece su discurso y esto podría parecer una oportunidad para retener a los jóvenes en sus comunidades rurales. Pero sin alternativas claras, el riesgo es que se sientan aún más atrapados. Además, este giro en la política migratoria no solo afecta el movimiento de personas, sino también el flujo de recursos hacia las zonas rurales. Muchas fincas pequeñas en Centroamérica han dependido históricamente de remesas enviadas por familiares en el extranjero para invertir en infraestructura, insumos o renovación de cultivos. Si el endurecimiento migratorio reduce el envío de remesas o altera los patrones de migración, la capacidad de inversión en estas parcelas familiares podría disminuir notablemente. A esto se suma la incertidumbre sobre el acceso a mano de obra agrícola, que también podría verse afectado por cambios en las dinámicas migratorias y geopolíticas. En conjunto, se trata de un aspecto estratégico que merece atención prioritaria, pues impacta directamente en la sostenibilidad económica y social del agro centroamericano.

La resiliencia invisible: caficultores que no se rinden

Uno de los hallazgos más poderosos del estudio en Chaparral fue este: la mayoría de los caficultores mayores no quieren dejar la agricultura, y muchos incluso desean expandirla. El arraigo emocional, el orgullo por la tradición familiar y el sentido de comunidad juegan un rol crucial.

Caficultores como Don Renato no cultivan solo café: cultivan pertenencia, memoria, resistencia.

La literatura académica y las investigaciones aplicadas en campo que he llevado a cabo en los últimos diez años apoyan esta visión. El apego emocional y cultural al café ha sido una fuerza resiliente en contextos marcados por la violencia, el abandono estatal o la migración masiva​​.

Un gran ejemplo es la Cooperativa Juvenil Vi Café, ubicada en San Antonio Huista, Huehuetenango, Guatemala, la cual fue fundada por un grupo de jóvenes provenientes de familias caficultoras con el objetivo de modernizar las prácticas tradicionales de producción y comercialización del café en su región. Buscaron implementar técnicas agrícolas avanzadas y estrategias de mercado innovadoras para mejorar la calidad del café y acceder a mercados más lucrativos. Ellos lograron organizar el festival Huist Kapeh que incluyó una competencia de cafés especiales y vender su café a precios superiores al promedio del mercado, fortaleciendo la industria cafetalera local y mejorando las condiciones de vida de los productores y sus familias.

 

 

Son casos como este que demuestran que, con los incentivos correctos, el campo puede volver a enamorar. Pero la clave está en el cómo: no se trata de convencer a los jóvenes de que se queden porque “así lo hicieron sus padres”. Se trata de ofrecerles una versión del agro que compita con cualquier otra industria en dignidad, innovación y futuro.

¿Qué se necesita entonces?

  • Políticas de titulación de tierras, para que las nuevas generaciones hereden no solo responsabilidades, sino derechos formales (en el caso de los países donde esto sea un tema que desmotive a las nuevas generaciones).
  • Programas de acompañamiento técnico y comercial, especialmente para mujeres jóvenes que han sido tradicionalmente excluidas del proceso sucesorio.
  • Espacios para que los herederos lideren, no solo obedezcan. Las asociaciones agrícolas juegan un rol clave en conectar generaciones, compartir conocimientos e incentivar innovación.
  • Pero, sobre todo, un gran impulsor es inculcar ese apego a la tierra y a los cultivos desde la infancia, esto definitivamente hace una diferencia.

Conclusión: ¿heredar o reinventar el café?

La sucesión agrícola ya no es un acto pasivo. No se trata de quedarse “porque toca”. Se trata de crear condiciones donde quedarse en la finca sea un acto de innovación, orgullo y viabilidad económica.

El futuro del café centroamericano y de muchos otros cultivos está en manos de nuevas generaciones que aún no deciden si se quedan o se van. Y ahí está el gran reto: hacer del campo una elección de vida, no un sacrificio.

¿Cómo podemos revalorizar el legado agrícola sin imponerlo? ¿Qué tipo de incentivos —económicos, simbólicos, tecnológicos o educativos— podrían cambiar la narrativa sobre lo que significa quedarse en el campo?

La conversación apenas comienza. Y las mejores ideas, como el buen café, muchas veces nacen en comunidad.

[1] https://link.springer.com/article/10.1007/s10668-023-04433-0

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