El Producto Interno Bruto (PIB) es la medida más tradicional de la actividad económica de un país. Representa el valor total de todos los bienes y servicios producidos durante un período determinado, usualmente un año. El PIB es utilizado como un indicador de la salud económica de un país y para estimar el tamaño de su economía. Cuando hablamos de crecimiento económico, generalmente nos referimos a un incremento en el PIB, lo que suele interpretarse como una señal de que una nación está prosperando y avanzando.

Sin embargo, el economista Simon Kuznets, quien desarrolló el concepto del PIB, advirtió sobre sus limitaciones. Advirtiéndonos sobre distinguir entre cantidad y calidad del crecimiento económico. Así, Kuznets instaba a considerar los costos y retornos del crecimiento, y a evaluar los objetivos económicos en términos de beneficios a largo plazo. Por lo tanto, mientras el crecimiento económico es importante para el desarrollo, Kuznets nos recuerda que debemos preguntarnos «más crecimiento de qué y para qué», para garantizar que el progreso económico también se traduzca en mejoras tangibles para la calidad de vida de las personas; en progreso social diríamos en INCAE.

Con esta necesidad de diferenciar en un tipo de crecimiento económico de alta calidad para impactar en el bienestar de los países, es que el Foro Económico Mundial al inicio de este año presentó un enfoque multidimensional llamado “El Futuro del Crecimiento”. Este enfoque no se limita a medir la expansión cuantitativa de la economía, sino que examina la calidad, el equilibrio y la alineación del crecimiento con las prioridades globales y nacionales más amplias.

El marco evalúa el carácter del crecimiento de un país mediante el análisis de su desempeño en cuatro áreas fundamentales para impulsar un crecimiento más equilibrado: la innovación, la inclusión, la sostenibilidad ambiental y la resiliencia sistémica. Estas dimensiones comprenden desde la capacidad de una economía para adaptarse y evolucionar ante nuevos desarrollos tecnológicos y sociales, hasta la inclusión de todos los actores en los beneficios y oportunidades generados, pasando por la sustentabilidad de mantener la huella ecológica dentro de los límites ambientales finitos y la resiliencia para resistir y recuperarse de los choques externos. Este análisis avanzado busca promover un crecimiento que no solo sea sostenible y resiliente, sino también inclusivo e innovador.

En la región (ver figura 1), los resultados muestran una diversidad según las métricas del Foro Económico Mundial. Costa Rica sobresale como líder en la región, superando el promedio mundial en Inclusión (62.8) y Resiliencia (56.6), lo que refleja su capacidad para adaptarse a cambios y su enfoque inclusivo en la distribución de los beneficios económicos. Aunque su desempeño en Sostenibilidad (48.8) es fuerte y superior al promedio mundial, hay margen para mejorar, especialmente cuando se compara con países fuera de la región como Chile (49.5) y Estados Unidos (43.6), que tienen puntuaciones más altas en esta categoría. Mientras que Innovación (43) es su pilar más débil, con un puntaje por debajo del promedio mundial.

Por otro lado, El Salvador (31.6 en Innovación y 44.4 en Resiliencia), Honduras (28.6 en Innovación y 42.3 en Resiliencia) y Guatemala (32.2 en Innovación y 43.8 en Resiliencia) muestran desafíos significativos en términos de su capacidad para absorber y adaptarse a nuevas tendencias y desarrollos, así como para recuperarse de choques externos. Todos ellos con puntajes por debajo del promedio mundial. Mientras que Panamá presenta un cuadro más equilibrado con puntuaciones relativamente altas en Inclusión (55.3); y Resiliencia (55.3), en este pilar incluso supera el promedio mundial, lo que sugiere una mayor capacidad para manejar adversidades y recuperarse de crisis en comparación con sus vecinos centroamericanos. Aunque dado su nivel de ingreso, tiene un desempeño bajo s en Innovación (46.2) y Sostenibilidad (49.5); mostrando rezagos respecto a países con ingreso similar como Chile.

Figura 1.- Puntajes de países seleccionados en las dimensiones de “El Futuro del Crecimiento”. Fuente: Cálculos propios con datos del Foro Económico Mundial.

Figura 1.- Puntajes de países seleccionados en las dimensiones de “El Futuro del Crecimiento”. Fuente: Cálculos propios con datos del Foro Económico Mundial.

 

Las recomendaciones para la región, en vista de los resultados y el contexto descrito por el Foro Económico Mundial, deben orientarse a la innovación, con un énfasis en la educación y capacitación técnica, alentar la colaboración entre universidades, empresas y gobiernos, e incentivar las startups y empresas tecnológicas con mejor acceso a financiamiento. En términos de inclusión, es esencial desarrollar políticas que aseguren la igualdad de género y la integración de grupos marginados en la economía, expandir los programas de protección social para combatir la pobreza y desigualdad, y mejorar la infraestructura en comunidades rurales.

Para la sostenibilidad, la región necesita políticas que apoyen prácticas sustentables, fomentar la transición hacia energías limpias, y promover la conservación ambiental, entendiendo que los problemas ambientales son también problemas económicos, como se ha visto con la sequía en el canal de Panamá. Finalmente, para aumentar la resiliencia, se debe invertir en infraestructura resistente a desastres, establecer sistemas de alerta y respuesta rápida, y diversificar las economías para reducir la vulnerabilidad a choques externos. Con un enfoque en la gobernanza transparente y la participación ciudadana, estos pasos pueden guiar a la región hacia un desarrollo más robusto y justo.

Que, en términos de los datos recientes, significa alejarse de las décadas perdidas y tener altas tasas de crecimiento económico, sostenidas en largos periodos de tiempo que sean impulsadas por el valor agregado de nuestras economías, generando empleo formal e incidiendo en la calidad de vida de los ciudadanos. Nada diferente a lo que hicieron los originales tigres asiáticos a finales del siglo XX. Pero claro, para que la región logre eso hay que romper inercias que se arrastran desde el siglo pasado; y por eso es valioso el esfuerzo del Foro Económico Mundial, porque nos presenta nuevos elementos para evaluar a los países y sus gobiernos, con base en una realidad global que cada vez más se aleja del mundo que conocimos décadas atrás, pero que nos cuesta dejar ir.