• De acuerdo al Banco Mundial, en promedio en la región apenas el 42% de la población mayor de 15 años tiene una cuenta bancaria.

El objetivo de la inclusión financiera es garantizar el acceso a servicios y productos financieros para toda la población. En la región, enfocarse en la inclusión y aumentar el mercado financiero nos puede dar triunfos rápidos en nuestro desempeño económico y bienestar.

Hablar de inclusión financiera se ha vuelto cada vez más común en los últimos años, empresas, gobiernos, sociedad civil, mencionan su importancia. Incluso, las Naciones Unidas la considera como un elemento importante para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Sin embargo, a pesar de que se reconoce el potencial de la inclusión financiera tanto a nivel individual como a nivel país; no siempre se prioriza en nuestra región.

De acuerdo al Banco Mundial, en promedio en la región apenas el 42% de la población adulta tiene una cuenta bancaria. Los datos muestran que hay rezagos importantes en este tema; a pesar de las ventajas de tener una población bancarizada y la necesidad de crecer en lo económico, no se ve como prioridad en las agendas nacionales. ¿Será que ante la necesidad de mayor dinamismo económico se puede priorizar la inclusión financiera?

SOBRE LA INCLUSIÓN FINANCIERA

La inclusión financiera se refiere a la disponibilidad y accesibilidad de productos y servicios financieros para personas y comunidades que han estado excluidas sistemáticamente de cuentas bancarias, cuentas de ahorros, préstamos formales, seguros o sistemas de pago. La inclusión considera que independientemente del nivel de ingreso, género, raza, edad o ubicación se pueda contar con el acceso a estos productos y servicios.

Revisando algunos indicadores se encuentra que los niveles de inclusión financiera pueden ser muy contrastantes de país a país. Así, con datos del Banco Mundial para el 2021, se tiene que el porcentaje de adultos con una cuenta bancaria en Costa Rica era de 68.49%, mientras que en Nicaragua era del 26%, siendo los dos puntos extremos de la región.

Pero además, la inclusión financiera es un tema dinámico que va cambiando conforme cambia el sector financiero. De manera que ahora en el siglo XXI, cuando todo va rumbo a la digitalización, también se considera el acceso a las tecnologías financieras como un elemento de inclusión. En este tema, de nuevo Costa Rica aparece como el de mayor inclusión cuando se mide el porcentaje de la población que ha hecho o recibido un pago digital con 59.16%; en contraste, Honduras aparece con un 31.64% y Nicaragua con un 21.37%.

MÁS ALLÁ DE LA INCLUSIÓN

Por supuesto, la inclusión financiera es un aspecto importante de equidad y generación de oportunidades para las personas. Pero también es un motor de crecimiento económico al permitir que más personas y empresas puedan acceder a recursos financieros para invertir y consumir. Al aumentar el acceso al crédito y otros servicios financieros se puede estimular el dinamismo empresarial y la innovación, pues se tendrán menos barreras para los emprendedores.

Ampliar el acceso a bienes y servicios financieros a la mayoría de la población también tiene un impacto en la disminución de la pobreza. Pues las personas con bajos ingresos pueden encontrar soluciones financieras para formalizar sus activos, generar ahorros, acceder a financiamientos, o administrar sus finanzas. Las plataformas digitales de crowdfunding como Kiva han resultado muy exitosas en este segmento.

UNA ESTRATEGIA  INTEGRAL

Pero aumentar la inclusión financiera no es sencillo, como todo problema complejo, no hay una “bala de plata”, más bien hay una serie de estrategias que los países pueden seguir. Agunas buenas prácticas sugieren que expandir los servicios financieros digitales como los medios de pago digital, pueden traer beneficios rápidos en el corto plazo. Algo que Costa Rica ha hecho con su Sistema Nacional de Pagos Electrónicos, el SINPE móvil, impulsado por el banco central, y que durante la pandemia fue un elemento clave para mantener la actividad económica.

Costa Rica con este SINPE móvil ha logrado posicionar el uso de pagos digitales en el 20% de la población con menores ingresos. En contraste en la región, Panamá el segundo en este tema, apenas tiene un 8.2% de uso, de acuerdo a datos del Banco Mundial para el año 2021. Claramente el SINPE móvil le ha dado ventaja a Costa Rica en la región; aunque sigue rezagado respecto a países con niveles altos de ingreso donde las coberturas son cercanas al 60% en promedio, si consideramos el indicador anteriormente mencionado.

Impulsar este tipo de estrategias requiere de adaptar las reglas para fomentar la innovación; disminuir los costos de entrada, y mejorar la competitividad del sector financiero. Adicionalmente, el abordaje debe de tener como base un esquema de colaboración multisectorial para facilitar la coordinación entre las empresas del sector financiero, empresas de otras industrias y las entidades regulatorias. No es tarea fácil, pero en una región con una proyección de crecimiento económico promedio por debajo del 4% en los siguientes años, las estrategias que aceleren el desempeño de la economía y generen bienestar deben de priorizarse a la brevedad.