Esta es la paradoja alemana: es el país de la pequeña y mediana empresa, en su inmensa mayoría familiar, que son al mismo tiempo la fuente de su gran protagonismo internacional.

La particularidad de Alemania es que su participación en el proceso de integración mundial del capitalismo a través del comercio y las inversiones no se realiza primordialmente a través de las grandes empresas transnacionales, sino de las pequeñas y medianas compañías (responsables de 68% del total de las ventas externas).

Los fabricantes medianos de Alemania, conocidos como Mittelstand, forman la columna vertebral de la cuarta economía más grande del mundo. Se trata de unas 3.000 empresas que disponen de ingresos entre US$150 millones y US$1.500 millones por año. Son compañías extraordinariamente especializadas en un solo producto de alto valor tecnológico y alcance global, que compensan el elevado riesgo inherente a la especialización extrema con una notable diversificación internacional (un promedio de 16 países cada una).

Estas pymes transnacionales altamente intensivas en conocimiento y capital, se especializan en la producción de maquinarias avanzadas, autopartes, productos químicos, y equipos eléctricos automatizados. Su liderazgo en estos nichos globales está asegurado porque compiten por calidad y marca (usualmente centenaria o más), y no por precio.

El Mittelstand hace referencia a un modelo económico alternativo al modelo de organización industrial anglosajón, y sus pequeñas y medianas empresas comparten aspectos de cultura corporativa:

Largoplacistas. La visión a largo plazo de las pequeñas y medianas empresas es una de sus señas más características, basando en este aspecto la calidad del producto y del servicio posventa que ofrecen, así como sus relaciones con proveedores, clientes y empleados.

Hiperespecialización. Son empresas de nicho y, generalmente, de productos intermedios con baja visibilidad para el público general, pero fundamentales para el funcionamiento de productos de consumo. Alemania es el líder europeo en la inscripción de patentes.

Innovación. Son conscientes de la importancia de invertir en I+D ya que les permite avanzar y transformar sus procesos productivos, situándose como líderes de su mercado hiperespecializado. Alemania invierte un 2,94% del PIB en I+D, por encima de la media europea, situada en 2,03%.

Vocación internacional. Generalmente, operan en mercados de alta concentración que rozan el monopolio, diversificándose en el extranjero gracias a las economías de escala.

Gestión familiar con rigurosidad alemana. Son dirigidas por sus propios dueños y las empresas pasan de generación en generación, que ponen el foco en crear relaciones personalizadas, duraderas y sostenibles tanto con clientes como con proveedores, convirtiéndose en distribuidores fieles.

Más medianas que pequeñas. El tamaño de la pyme sí importa. Cuanto mayor es la empresa, más diversificadas están las fuentes de financiación y es más habitual que sean exportadoras. Además, cuanto mayor es la empresa mayor longevidad suele tener la compañía, lo que significa una capacidad de producción y una penetración en el mercado más consolidada.

Sentimiento de pertenencia. La motivación e identificación es un aspecto clave de este tipo de empresas germanas, que tienen trabajadores fieles con un alto rendimiento que se ve reflejado en la rentabilidad empresarial. Los órganos de gestión familiar se esfuerzan por crear lazos duraderos no sólo con sus proveedores y clientes, sino también con sus empleados.

Extracto de los artículos publicados en el diario argentino Clarín y el blog de Luis Pardo Céspedes, Consejero Delegado – EVP Sage Iberia.