La educación superior o avanzada es esencial para el progreso social y competitividad de los países, impactando no solo en el crecimiento económico, sino también impulsando sociedades más equitativas y sostenibles. En ese sentido, es crítico abordar la importancia de que las mujeres accedan a la educación superior, dada su influencia no solo en la igualdad de género sino también en la capacidad innovadora y de crecimiento de una nación. Sin embargo, la situación actual en la región, reflejada en los datos del Índice de Progreso Social (IPS) y su componente de Educación Avanzada, evidencia un panorama diverso y lleno de desafíos.

Situación Actual

El IPS, que considera 170 países, utiliza un indicador llamado “Mujeres con educación avanzada” que evalúa la proporción de mujeres (ajustada por edad) con 12-18 años de educación. En este indicador nuestros países se encuentran en las siguientes posiciones a nivel global: Costa Rica en el 94, El Salvador en el 118, Panamá en el 57, Guatemala en el 135, Honduras en el 131, Nicaragua en el 125; tomando como referencia a México en el 109, y al mejor de América Latina que es Chile posicionado en el 49, se ve que en general la región está rezagada. En contraste, nuestro principal socio comercial, los Estados Unidos, se sitúan en la posición 5, marcando un estándar de referencia en cuanto a la inclusión educativa de las mujeres (ver Gráfico 1).

Desafíos y Oportunidades

El rezago que muestran los datos son resultado de los múltiples desafíos que enfrentan nuestros países en su esfuerzo por mejorar el acceso y la calidad de la educación superior para las mujeres. Entre estos retos se destacan las barreras culturales y sociales, marcadas por estereotipos de género que restringen las aspiraciones educativas y profesionales de las mujeres, especialmente en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM). Además, la infraestructura educativa inadecuada y las preocupaciones sobre la seguridad en el trayecto hacia las instituciones educativas representan desafíos adicionales que desmotivan la participación activa de las mujeres en la educación terciaria.

 

Gráfico 1. Mujeres con educación avanzada (posición de entre 170 países). Fuente: Social Progress Imperative.

Gráfico 1. Mujeres con educación avanzada (posición de entre 170 países). Fuente: Social Progress Imperative.

Más allá de un tema sólo de mujeres

Las mujeres con educación superior son pilares fundamentales tanto para el progreso de los países como para el bienestar de las familias. En el ámbito nacional, contribuyen significativamente al desarrollo económico, la innovación y la competitividad, potenciando la productividad laboral y promoviendo un crecimiento económico sostenible que contribuye a la reducción de la pobreza.

A nivel familiar, la educación avanzada de las mujeres conlleva beneficios profundos, incluyendo mejoras en la salud y la educación de sus hijos, y fortaleciendo su empoderamiento y autonomía. Este empoderamiento permite a las mujeres tomar decisiones más informadas sobre su vida y trabajo, estableciendo un ciclo positivo de educación y bienestar que beneficia a generaciones futuras, un predictor de la educación de los hijos es el nivel de educación de la madre, así que  también hay beneficios trans generacionales.

Estrategias para el futuro

Mirando hacia el futuro, es esencial reconocer que las mujeres con una educación avanzada representan una fuerza para el crecimiento económico, ya que su participación en el mercado laboral puede potenciar significativamente la productividad y competitividad de los países. Así, los esfuerzos dirigidos a expandir el acceso y mejorar la calidad de la educación superior para las mujeres en América Latina representan una inversión estratégica para el futuro económico y social de la región. Por lo tanto, es imperativo para los países de la región intensificar esfuerzos con el fin de superar los obstáculos existentes y abrir camino hacia una sociedad con más mujeres en educación avanzada.

Para hacerlo, hay que enfrentar este reto de dos formas, como una prioridad nacional y como un compromiso colectivo. Así, es necesario que gobiernos, instituciones educativas, empresas y la sociedad civil trabajen juntos para superar estos desafíos. Si se logran estas sinergias, entonces se pueden aplicar políticas focalizadas, materializar mayores inversiones en educación, implementar nuevos modelos educativos, incorporar más soluciones tecnológicas, y promocionar una cultura que propicie un entorno de oportunidades donde las mujeres alcancen su pleno potencial. En otras palabras, es transformar nuestro presente para un futuro más próspero a través de la educación.