Casi 50 años después de graduarse de INCAE, Enrique Bolaños Abaunza no solo ha vuelto –como Rector– al lugar que lo preparó para el éxito laboral; también sirve como figura de inspiración para las nuevas generaciones que buscan destacar en la región y tener un impacto digno de los mejores Incaístas.

¿Cómo mantener un espíritu de servicio frente a las adversidades? ¿Qué tan difícil fue regresar al lugar que marcó su vida laboral? Don Enrique nos habla de su vida, los retos que enfrentó para llegar al éxito profesional que hoy lo respalda, y sobre todo, del orgullo que siente al formar parte de INCAE, institución que le dio amistades duraderas hasta la actualidad. Sin duda, una verdadera muestra de lo que significa ser Incaísta.

¿Qué recuerda de su primer día en INCAE como estudiante?

Me gradué de la Universidad de Michigan como ingeniero, y mi meta era cursar mi maestría en la región. Cuando supe de INCAE, me propuse aplicar. El día que me aceptaron fue el más feliz. ¿Por qué? Porque si quería vivir en Nicaragua, en la región, no consideraba lo más apropiado sacar una maestría fuera de la región; para mí eran importantes los contactos locales, las redes, estudiar temas regionales. Ese día fue la culminación de mi aspiración de entrar a una escuela del prestigio en la región.
Ese primer día –en la década de los setenta– mis temores eran “¿podré competir?, ¿me irá bien?, ¿cómo será el reto contra los demás?” Porque aquí viene lo mejor de lo mejor de la región. Era ansiedad mezclada con entusiasmo, ánimo y espíritu de logro, pero también con ciertas preocupaciones y temor de tener éxito en ese proyecto.

¿Hubo compañeros que después se convirtieron en amistades de por vida, Don Enrique?

Los compañeros de INCAE realmente le cambian la vida a uno, porque uno es asignado a grupos de estudios en función de la preparación y la experiencia previa. Parte del propósito de esos grupos de estudio era apoyar en lo que uno más podía contribuir.

Y sí, logré hacer amistades de por vida que conservo casi 50 años después de graduado. Ahora recuerdo dos: cuando me fui al exilio en 1979, uno de ellos buscó de sobremanera conseguirme trabajo para ayudarme en el difícil proceso que estaba viviendo. Después, cuando viví en México en 1990, otro amigo buscó de todas las formas posibles cómo podía quedarme trabajando con él, por la amistad que teníamos. Hoy los Incaístas de esa clase tenemos nuestro chat en WhatsApp y seguimos comunicados todos los días. Esa amistad, esa sólida relación de amigos, ha persistido durante 50 años.

Usted venía de estudiar en Estados Unidos y tenía unas prioridades. ¿Su paso por INCAE las cambió?

Mi paso por INCAE lo defino en varias etapas. Me gradué en 1974, y en ese momento ya estaba casado, con tres hijos. Mi prioridad era ser el mejor empresario, el mejor ejecutivo, el mejor profesional posible, pero también contribuir a mi país. Esa misión de ser parte de la comunidad me marcó en mi paso por INCAE.

En 2012, ya casi jubilado, INCAE me pidió que trabajara con ellos, y yo sentí dos cosas. Por un lado, ¿cómo no voy a retribuir a mi alma máter después de lo que me ha dado? El éxito que yo tuve se lo debo a ellos. Por otro lado, cuando me ofrecen esa ‘segunda vida’, recordé su misión, relacionada con el desarrollo integral de los países, la sostenibilidad, el estado de derecho, la inclusión, y dije: “¡Debo ser parte de esto!”
Traspaso de Rectoría, 2015

Traspaso de Rectoría, 2015

Lo que nos platica me hace pensar en esa amplitud de networking que genera INCAE. ¿Qué nos puede decir sobre la capacidad de tejer redes que tiene la institución, quizá más que cualquier otra de la región?

Sin temor a equivocarme, las redes que tiene INCAE es uno de sus activos más valiosos. Creo que el activo principal es la excelencia académica, la calidad de sus profesores. Pero habiendo ya adquirido esa excelencia académica, tener acceso a una red de 18 mil Incaístas trabajando en todas las diferentes empresas en la región es un activo valiosísimo.

Como les decía, mantengo el chat con compañeros de mi clase, y todo Incaísta mantiene uno similar con su generación. Hay AGIS, Asociaciones de Graduados de INCAE en cada país; sé de muchos amigos míos que se mueven de un país a otro, llaman a sus amigos de INCAE y ellos los conectan, les dan todo el apoyo para que salgan adelante.

Al graduarme, un profesor de INCAE me dio mi primer trabajo: trabajar en su empresa de consultoría. Definitivamente, esas redes, ese contacto, ese apoyo entre Incaístas es un valor extraordinario, y fue una de las principales razones por las que yo entré, pues para vivir en la región, era valiosísimo tener acceso a esa red de contactos.

¿Cuál diría que son las tres cualidades más importantes que tiene un Incaísta?

Primero, la excelencia académica que el Incaísta recibe, de primer mundo. Eso se refleja en los rankings donde aparece el Instituto y su asociación con las universidades top globales. Otra cualidad es que vive no solo en función de su éxito personal, sino que en función de la contribución a la misión de INCAE. Y la tercera es la calidad humana: cuando se gradúa un Incaísta, sale con la integridad, la ética, transparencia y visión de ser un buen ciudadano.

¿Podría pensar en una cosa que solo un Incaísta sabe?

Yo diría que… es difícil que alguien que no sea Incaísta domine los problemas particulares de nuestros países como hacemos nosotros, por la metodología del estudio de casos y el estudio de temas relacionados con Centroamérica, el Pacto Andino y los países de Latinoamérica donde operamos. Los Incaístas egresan sensibilizados con lo que pasa en la región y con lo que se debe hacer para contribuir a su desarrollo.
El Incaísta sabe de temas locales y regionales, y de soluciones globales e integrales. Somos ciudadanos del mundo, con las mejores prácticas para implementar en nuestra región.

En sus diferentes etapas en el instituto, ¿cuál es su lugar favorito de INCAE?

Estudié en el campus de Nicaragua y ahora trabajo en el de Costa Rica. En Managua mi lugar favorito es el área donde uno está sentado, viendo la piscina, la cancha de futbol, las casas de los estudiantes “de maestría” –que antes llamábamos “de solteros” – y ese es un lugar sabroso, bonito. Y al otro ángulo se tiene la vista de Managua. En esa esquina uno realmente disfruta la belleza natural del Campus y el entorno, pues se ve a los estudiantes cruzar, jugar fútbol y al echar la vista más abajo, se ve la ciudad.

Vista general del campus Francisco de Sola, el Lago de Nicaragua al fondo

Vista general del campus Francisco de Sola, el Lago de Nicaragua al fondo


En el campus de Walter Kissling Gam, el lugar que más me gusta es donde está el edificio de residencias, pues ahí uno tiene una vista panorámica de las casitas, del edificio amarillo y del edificio de aulas. Se visualiza todo el campus y un poco de la zona.

Vista del Campus Walter Kissling Gam desde el Edificio Ejecutivo

Vista del Campus Walter Kissling Gam desde el Edificio Ejecutivo


En esos entornos me encanta tener conversaciones y tertulias con las Facultades; me gusta reunirme a platicar con los profesores, escuchar sus ideas y opiniones, eso siempre enriquece. ¡Son conversaciones muy sabrosas!

Don Enrique, usted ha tenido oportunidad de estar en INCAE en diferentes momentos de la vida de la institución, como estudiante y como funcionario. ¿Podría dar un mensaje a quienes apenas van a iniciar su vida académica en INCAE?

Hay muchos consejos que podría darles. El primero, diría yo, es: aprovechen. Aprovechen el estudio al máximo posible; aquí van a interactuar con compañeros de otras nacionalidades y culturas. Hagan el máximo esfuerzo de conocer a todos sus otros compañeros de clase y desarrollar buena amistad con ellos, aprender de ellos.

Les diría que aprovechen a su Facultad, que es extraordinaria. Que vean con claridad la misión y el propósito del Instituto, y que al salir tienen una responsabilidad mayor, no solo para su éxito profesional individual, sino para transformar vidas en Latinoamérica.

Les diría que vivan el juramento de ética, de transparencia y de comportamiento correcto en su vida profesional. Que sepan que el nombre de uno, a final de cuentas, es lo que más vale, y hay que mantenerlo siempre limpio en su comportamiento diario.

Les diría que cuando sean profesionales exitosos le paguen a la sociedad las bendiciones que han recibido. Y ojalá que puedan ayudar a que INCAE siga siendo el centro de impacto que hoy es, porque así ayudarán a INCAE y su misión, a su país, y a que esta sea una región con mejor futuro para ellos y las futuras generaciones.

En una frase, ¿nos podría decir por qué siente orgullo de ser Incaísta?

¿Por qué siento orgullo de ser Incaísta? Por lo que INCAE hace, la misión que cumple y el bien que ha traído a la región. Siento que, sin INCAE, ¡Dios nos libre cómo estaríamos de mal! INCAE ha hecho un enorme bien en desarrollo social, desarrollo sostenible, impactos, crecimiento, competitividad, ética… Hemos educado a mucha gente, es decir, la razón de ser de INCAE nos brinda, a todos quienes trabajamos aquí, orgullo y satisfacción. Así que puedo decir con toda transparencia y orgullo: ¡Yo soy Incaísta!