No. 22, julio-agosto 2023. Antes de cada clase, el profesor pedía que los estudiantes entregaran breves respuestas a preguntas sobre el caso del día. Generalmente recibía respuestas superficiales hasta este año, cuando la calidad tomó un salto sorprendente. La razón: ChatGPT, el producto de OpenAI capaz de pasar los exámenes de derecho y ya está dando vuelta a la educación superior. ¿Prohibir o no la AI generativa en clases? pregunta el titular de El Financiero (Costa Rica).

En busca de una respuesta, hice la siguiente pregunta a Florian Federspiel, colega y experto en métodos cuantitativo y toma de decisiones que enseña con casos: ¿Cuál es tu experiencia en la enseñanza y calificación de exámenes cuando los estudiantes tienen acceso a ChatGPT?

“Es una gran pregunta,” me respondió. “En breve, no he notado mayor impacto en ninguna de mis clases. He pasado mis exámenes por ChatGPT y, para mi sorpresa, no contestó a ninguna pregunta correctamente… después de haberlo probado un poco, puedo entender cuán fácil sería equivocarse en las materias que enseño, a menos que hagas las preguntas con tanta precisión que ya sabes cómo contestarlas».

“ChatGPT es uno de los ‘Large Language Models’ (LLMs) entre varios, y aunque es el más avanzado, no hay que exagerar su impacto en nuestro modelo educativo, basado en casos. Su capacidad en ciertas áreas—como ayuda en la codificación—es impresionante, pero tiene algunas limitaciones:

ChatGPT no sabe la verdad y a lo mejor, estima cuál es considerada la verdad según los datos a los cuales tiene acceso (todo el Internet), con todos sus sesgos;
todavía ‘alucina’ mucho, ofreciendo información que no existe o es errónea; y
todavía no sirve para el análisis y toma de decisiones complejas porque carece del pensamiento crítico necesario.”

Otros señalan las virtudes de ChatGPT: en un webinar de HBP, profesor Mitchell Weiss, quien se autodescribe como “amante del método de casos,” explica cómo usarlo para maximizar el aprendizaje en la preparación de casos y en la clarificación de conceptos, con el ejemplo de un estudiante que está luchando por entender la diferencia entre “network effects” y “virality.”

Pero el profesor Weiss no aborda el dilema del profesor quien quiere distinguir entre lo que sabe hacer el estudiante en forma independiente y lo que sabe hacer ChatGPT. En su caso, los estudiantes están presentando texto como si fuera suyo, sin atribución a la verdadera fuente. Esto es plagio, y hay formas de controlarlo, como GPTzero.

Hay consenso entre las universidades entrevistadas por El Financiero que la AI generativa como ChatGPT es una realidad cotidiana que facilita una variedad de tareas, y que es importante que el estudiante sepa qué es lo que puede y no puede esperar de ella. Una buena práctica es permitir el uso de ChatGPT, pero el estudiante debe explicar por qué y cómo lo está usando, y cómo su uso enriquece su experiencia educativa.

ChatGPT puede equivocarse, pero tiene cierta humildad. Cuando formulé preguntas sobre un caso, confesó que no había recibido entrenamiento en casos escritos después de cierta fecha. Ofreció una solución genérica para abordar la situación que describí, pero advirtió que puede no tener relevancia ya que no conocía el entorno. Y así fue: sus recomendaciones eran irrelevantes.

En fin, ChatGPT puede ser un valioso asistente académico, pero como muchas herramientas útiles, puede ser mal empleada.
–    John C. Ickis

Imagen por pch.vector en Freepik (editada)