No. 13, julio 2022.

La tecnología hace cada vez más fácil buscar información ya sea para la investigación o para el plagio en los exámenes. ¿Cómo evitar el plagio, cuando las respuestas son tan accesibles en el Internet? El presidente emérito del International Center for Academic Integrity y coeditor de “Cheating Academic Integrity: Lessons from 30 Years of Research,” David Rettinger, ofrece algunas recomendaciones para reducir la motivación del plagio:

  1. Darles a los estudiantes la oportunidad de autocorregir sus errores y de tener éxito. En vez de suministrar un solo examen final, hacer mini-pruebas frecuentes.
  2. Abandonar aquellas reglas que no sean importantes (no aporta ejemplos) y ser menos controlador, más flexible con las fechas tope. 3- Enfocar en el aprendizaje.

Cuando la experiencia de aprender es estimulante según Rettinger, las buenas notas serán una consecuencia natural. 4- Desarrollar una cultura de confianza mutua entre el instructor y los estudiantes (véase “Haga tu contrato de enseñanza-aprendizaje más explícito,” número 12 de este blog).

Estas reglas ayudan a reducir el incentivo de plagiar, pero no eliminan la práctica del plagio en clases de noventa estudiantes con sistemas de evaluación que usan la curva. Para evitar el plagio en estos entornos, hay que emplear prácticas adicionales, por ejemplo:

Si el examen final consiste en el análisis de un caso, seleccionar un nuevo caso o cambiar el título, nombres, lugares y números de un caso existente; y hacer una instrucción o formular una pregunta cuya respuesta no es fácil copiar. Una de mis favoritas es:  “Favor hacer el análisis que usted considere apropiado y presentar sus recomendaciones a… (nombre del (o la) protagonista del caso).

Cada respuesta es única; tan distinta como una huella digital. En cuarenta años no he encontrado respuestas copiadas. Pero no son nada fáciles a calificar. Hay que desarrollar una rúbrica, que es un instrumento que permita evaluar de manera objetiva y crítica el aprendizaje adquirido y las habilidades desarrolladas por los estudiantes.

Calificar las respuestas con una rúbrica bien diseñada tiene ventajas al momento de recibir estudiantes con reclamos de sus notas. Mis primeras reuniones de este tipo eran confrontativas y tensas, hasta que me di cuenta que estas reuniones ofrecen una oportunidad para el aprendizaje. En vez de entrar en una discusión acalorada, dejo que el estudiante hable y solo tomo notas. Cuando termina, comienzo detallando los objetivos de aprendizaje del curso y su relevancia para la práctica gerencial, antes de entrar en una explicación de las expectativas—basadas en los objetivos del curso—de una respuesta descollante, satisfactoria o insuficiente.

Trato de asegurar que en la conversación, el estudiante descubra o aprenda algo de valor. Con este sistema, el reclamo nunca ha trascendido y en un buen número de casos, el estudiante termina agradeciéndome al final de nuestra reunión.

Cuando comencé a enseñar usé este mismo método para exámenes parciales, pero pronto volvió imposible, por limitaciones de tiempo, ofrecer retroalimentación oportuna. Descubrí que los exámenes de selección múltiple pueden medir destrezas de pensamiento crítico. Se puede minimizar el riesgo del plagio mezclando la secuencia de las preguntas y el orden de las respuestas a cada pregunta.

Si bien la tecnología puede facilitar el plagio, también abre nuevas oportunidades para hacer pruebas instantáneas, más frecuentes, y reducir el peso del examen final.