No. 20, marzo 2023.

¿Cuántas veces hemos escuchado alguien decir que le gusta enseñar con casos porque es un método socrático? Es algo que no se discute. Pero el mismo método nos impulsa a siempre cuestionar, así que cuestionemos si el método de casos realmente es socrático.

Ambos métodos comienzan con una pregunta abierta, como “¿cuál es el problema?” o “¿Qué significa justicia?” Y en ambos, la meta es buscar una solución, aunque en el método socrático puro, la meta es tan abstracta—encontrar la verdad absoluta—que no hay ningún plan de clase, se hace el camino al andar. Los críticos del método señalan que es repetitivo y que los discípulos o estudiantes se aburren.

Otros dirán que el método socrático se basa no en la búsqueda de una elusiva verdad universal sino en la técnica de “elenchus” (griego para ironía), diseñada a revelar la falta de inteligencia de los sabios. Esta versión tiene sus orígenes cuando el Oráculo de Delphi dijo que Sócrates era el hombre más inteligente del mundo porque él sabía lo que no sabía. Desde ese momento Sócrates, perplejo, se dedicó a entrevistarse con los sabios de Atenas—políticos, poetas, artesanos—y así reafirmó que ninguno de ellos ni sabía lo que no sabía.

Para suavizar el enojo que la ironía socrática producía entre los sabios, Sócrates iniciaba estos diálogos alabando a la otra parte mientras él asumía el papel del tonto, del olvidadizo. Los sabios más perceptivos no caían en la trampa y se enojaron aún más, con consecuencias eventualmente fatales para él.

Tenemos pues, dos versiones o estilos del método socrático: uno que carece de una brújula, con una meta elusiva; y otro que consiste en tender trampas. Podemos identificar ambos estilos entre distintos profesores en el aula de clase: el primero, con un repertorio limitado de preguntas, quienes repiten la misma frase, “¿y qué piensa usted?” a cualquier estudiante con la mano levantada. El segundo estilo es más común en las escuelas de leyes, donde la discusión es adversarial y no orientado a la resolución de problemas gerenciales.

Hay un tercer estilo, que puede atribuirse más a Aristóteles, otro filósofo griego que nació poco después del fallecimiento de Sócrates. No estaba tan obsesionado con la idea de una verdad absoluta; más bien apreciaba la diversidad de las disciplinas: la lógica para el pensamiento crítico, la teórica en áreas tales como la matemática y la metafísica, y la práctica en áreas como la política y la retórica.

Aristóteles planteaba tres criterios para la toma de una decisión importante, basado en su concepto de “intuición”: primero, intuición surge solo después de que se ha profundizado en conocer los hechos relevantes en una situación problemática. Segundo, la intuición no conduce a definiciones de lo correcto e incorrecto basadas en grandes principios; presupone la madurez y el buen juicio. Y finalmente, la intuición es aquella con la cual uno puede articularse y cuyas explicaciones—basadas en hechos y enraizadas en las prácticas éticas-culturales de la sociedad—son comprendidas por otras personas.

Estos criterios, aunque poco precisos, pueden servir de guías en la toma de decisiones con dimensiones éticas. En la enseñanza por el método de casos, se traduce en un estilo que puede llamarse descubrimiento guiado. Ni es totalmente abierto, sin rumbo, ni es un campo minado con trucos e intimidación. Hay objetivos de aprendizaje, pero no hay una sola verdad. Puede haber sorpresas y descubrimientos, tanto para los estudiantes como para el instructor.