No. 8, febrero 2022. 

Discernir la calidad de los aportes verbales en las clases presenciales numerosas es uno de los mayores desafíos en la enseñanza con el método de casos. No hay soluciones mágicas, pero el método “triage” es un enfoque que puede simplificar la tarea. Usado por las ambulancias de la Cruz Roja durante la primera guerra mundial, consiste en una triple clasificación de soldados heridos en el campo de batalla: al encontrar aquellos que todavía podían caminar, otros con heridas mortales y algunos que no podían levantarse, pero tenían posibilidades de sobrevivir, los socorristas transportaban solo estos últimos.

Encontré la metáfora de triage útil en la evaluación de los numerosos aportes en clase cuando comencé a enseñar con el método de casos, colocándolos en tres canastas: las contribuciones memorables, los comentarios que mostraban falta de preparación o poca comprensión de la materia y todo lo demás. Los evaluaba con los números 3, 1 y 2 respectivamente, poco a poco abriendo el abanico con 2+ y 2- al encontrar que dos tercios de las participaciones caían en la canasta intermedia.

Pero ¿cómo grabar las participaciones en la memoria? Las personas cuyos aportes eran memorables, por lo convincente de sus puntos de vista y la calidad de la evidencia que presentaban, los identificaba como las “anclas” de la discusión, a quiénes volvía a involucrar en los debates, directamente a quemarropa, para probar la profundidad de sus argumentos. Eran aquellos estudiantes que tenían un punto de vista sobre el caso, y cuando lo podían defender en debates con sus colegas, basados en evidencias del caso, merecían una calificación de tres.

Recordar las participaciones débiles es más fácil cuando los criterios del profesor son claros y conocidos por los estudiantes. Yo tenía tres: preparación inadecuada, dominio incierto de la materia y falta de involucramiento del estudiante en la discusión, que se puede revelar con una pregunta sencilla: “¿Qué piensa de la opinión que acaba de expresar María?”

¿Y las participaciones intermedias, que no son ni memorables ni mortales? Son generalmente muy breves, impulsadas por el incentivo de decir algo donde la participación en clase puede contar hasta la mitad de la nota final. Estos aportes a veces contienen información útil, pero con poco o ningún contenido analítico. El resultado es tiempo perdido en un recuento de los hechos del caso, con poco debate entre estudiantes y ningún aprendizaje.

La solución es cambiar los incentivos, con preguntas difíciles de seguimiento. Cuando alzar la mano significa tomar riesgos, la multitud de brazos levantados tiende a reducirse.

Triage, ampliado a cuatro o cinco canastas, no es la única ni posiblemente la mejor manera de evaluar la participación en grupos numerosos, pero me ha permitido explicar a los estudiantes que reclamaban su nota, cómo fue calculada: primero, con los criterios para colocar cada participación en cuál canasta y segundo, cómo fue que la suma de sus participaciones a lo largo del curso le colocaba en determinado grupo, donde el eje de calidad domina sobre el eje de frecuencia.

Hay siempre elementos subjetivos en evaluar participación, pero esta forma de retroalimentación generalmente aclaraba dudas de quienes reclamaban. Me gustaría creer que les ayudaba a auto evaluar y mejorar la eficacia de sus propias destrezas de comunicación verbal, tan esencial en la educación gerencial.

John C. Ickis.